Viviendo En El Mundo Real

Decimocuarto domingo de Tiempo Ordinario: 7-9-17

La Paz Sea Con Ustedes,

El pasado fin de semana, reflexionamos sobre el deseo de Cristo de ser identificado con la familia humana.  El eje principal de nuestra reflexión se centró en la Iglesia, que, como ya hemos discutido, es diferente a cualquier organización humana; Que es en vez un organismo, el Cuerpo vivo de Cristo, de quien a través de las aguas sagradas del bautismo, nos hacemos miembros. Por lo que discutimos brevemente como este misterio, o sacramento como la Iglesia lo llama, cambia nuestra posición ontológica en la vida de tal manera que realmente comenzamos a ser incorporados a la Vida Divina aquí y ahora, llamados con la ayuda de la gracia de Dios para incorporarnos a la dinámica de la vida Trinitaria que es el Amor mismo (cf. 1 Juan 4:8). También se mencionó que la discusión de esta semana estaría relacionada con el concepto del temor al Señor del cual se habló hace dos semanas, cuando lo comparamos con maravilloso asombro de la naturaleza misteriosa y absoluta de nuestro Dios y su deseo de amarnos. Esta semana nos centraremos en dos cualidades centrales de la perfección divina demostrada por el Hijo de Dios Encarnado, humildad y mansedumbre.

Cada sociedad tiene sus axiomas que se arroja como la proverbial carta de triunfo que se pone en la conversación para llamar la atención de su interlocutor a un pedacito aceptado de sabiduría que se ha transmitido de generación en generación. En nuestra sociedad a menudo oímos a los individuos reprendiéndose unos a otros con la frase, “trata de vivir en el mundo real.” Para estar seguros esta pepita de conocimiento es utilizada  a menudo por los padres en un intento (demasiado a menudo) vano a regresar a su, ahora iluminado hijo o hija adolescente, de regreso a la tierra para que pueda ver las cosas “como realmente son.” Sin embargo, todos sabemos que este pequeño misil verbal tiene la costumbre de hacer una aparición en conversaciones casuales de un, digamos solo carácter de naturaleza informativa como compartimos la experiencia de un encuentro reciente con alguien que puede pensar mucho de sí mismo.

Digo todo esto, uno, porque la declaración misma tiene mucha sabiduría coloquial sobre ella, especialmente hoy en día cuando hay una tentación constante de hacerse a uno mismo el centro de atención a través de los medios de comunicación sociales, aunque muy a menudo el único cuya atención realmente tenemos es la de nosotros mismos, lo que por supuesto solo agrava la situación. Simplemente es que tenemos dificultades para mantener una visión realista de nosotros mismos y así la hemos tenido desde el principio, i.e. desde un corto tiempo después de que Dios creo la raza humana. En segundo lugar, lo planteo para señalar que lo que la gente suele decir con esto tiene muy poco que ver con la realidad misma. Tomen por ejemplo el intercambio entre un padre y un hijo; lo que el padre quiere decir es que su hijo tendrá un día que aprender como proveer para sí mismo y convertirse en un individuo auto sostenible. Esto, sin duda, es una virtud esencial (si a tal concepto se le puede llamar virtud), del espíritu Americano. Y mientras hay gran dignidad en la habilidad de trabajar duro y cuidar de sus responsabilidades, en el fondo la idea es absolutamente irreal; El sueño americano del individuo auto-realizado, autosuficiente e independiente siempre ha sido y permanecerá para siempre como tal, un elemento de ficción.

Digo esto no para pisotear el país que llamo casa, especialmente tan pronto después de celebrar el nacimiento de nuestra nación; Ni quero sugerir que este es un problema “americano” (aunque lo encuentro muy arraigado en nuestra mentalidad colectiva). Como dije anteriormente este es un problema que nosotros (como familia humana) hemos tenido desde el principio. Y creo firmemente que es un problema de la imaginación, pero no una imaginación exagerada, como se podría suponer, sino más bien, una estrecha y vaga imaginación.  En lo que puede parecer un poco de ironía, diría yo, que las virtudes de humildad y mansedumbre son en realidad el fundamento de una imaginación robusta. Esta es una realidad que nuestras lecturas para hoy nos clarifican.

Aunque no parezca ser el caso, la imaginación es un ingrediente esencial cuando se trata de comprender lo que Jesús tiene que decirnos en la lectura de nuestro Evangelio de hoy.  De hecho, sus palabras están cuidadosamente construidas para despertar la imaginación de sus oyentes, tanto entonces como ahora. Esto se vuelve más claro cuando nos damos cuenta que Jesús y el evangelista conmemorando esta escena para nosotros en el texto sagrado está extrayendo fuertemente de las Escrituras Hebreas, lo que usualmente llamamos el Antiguo Testamento, al relatar el mensaje que escuchamos.

Nuestra primera lectura proporciona el ejemplo más obvio.  El pasaje nos debe sonar familiar ya que oímos una porción citada por Mateo en la lectura procesional del Evangelio usado el Domingo de Ramos (cf. Mateo 21:1-11); específicamente el pasaje que lee “Salta, llena de gozo, oh hija de Sion, lanza gritos de alegría, hija de Jerusalén. Pues tu rey viene hacia ti; él es santo y victoriosos, humilde, y va montado sobre un burro, sobre el hijo pequeño de una burra” (Zacarías 9:9).  Escuchar el pasaje otra vez es beneficial ya que nos da un ejemplo del tipo del malestar imaginativo del que padecemos.  Al oír el verso, si están familiarizados con él en lo absoluto, su primera suposición es algo probablemente a lo largo de las líneas de, “si, me suena como Jesús, tiene sentido.” Pero al hacer tal suposición se pierde inmediatamente el valor de choque de todo el asunto, se pierde el sentido de la maravilla que el evangelista está tratando de transmitir (y así sucumbir a la sabiduría de otra frase coloquial que tiene que ver con la palabra “asumir” que va bien con este pasaje en particular).  Ustedes ven, el tiempo utilizado en su contexto histórico apropiado, las palabras del profeta eran completamente mundanas ya que en ese tiempo la realeza habría realmente montado en in burro.  Sin embargo, cuando nuestro Señor monto en una bestia de carga se había convertido en eso y nada más, habiendo sido superado por el caballo como el vehículo preferido de elección entre la clase real.  Así que cuando los que escucharon las escrituras de Mateo diciéndoles que este hombre que estaba entrando en un burro era un rey y que su montaje mismo de dicha bestia era la prueba misma, era el equivalente de alguien que nos dice que el presidente de los Estado Unidos estaría llegando en un Volkswagen Beetle.  Así, para fin de comprender el significado del evento se tendría que conocer el pasaje de Zacarías, y ¿Cuántos de nosotros lo sabemos?

Con esta gran parte de historia parece que nos hubiéramos extraviado en nuestra reflexión, después de todo el paralelo parece más apropiado al Domingo de Ramos que al Evangelio de hoy.  Sin embargo, una vez más la protesta nos priva de la verdad más profunda siendo relatada.  Sin embargo, para fin de poder ver esto debemos dar un paso atrás y considerar el contexto más ampliamente.  El pasaje que oímos son los versos 25-30 del capítulo 11 del Evangelio de Mateo.  El comienzo del capítulo inmediatamente sigue las palabras de Jesús que escuchamos la semana pasada acerca de la bienvenida de un discípulo como si fuera una bienvenida para él.  El capítulo comienza con la pregunta planeada por los discípulos de Juan el Bautista acerca de la identidad de Jesús.  Como parte de su respuesta Jesús proclama la grandeza de Juan Bautista mientras que denuncia la cosmovisión de los incrédulos de su (y nuestra) generación diciendo: ¿Con quién puedo comparar la gente de hoy? Son como niños sentados en la plaza, que se quejan unos a otros: Les tocamos la flauta y ustedes no han bailado, les cantamos canciones tristes y no han querido llorar.  Porque vino Juan, que no comía ni bebía y dijeron. Esta endemoniado.  Luego vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: Es un comilón y un borracho, amigo de cobradores de impuesto y de pecadores.  Con todo, se comprobara que la Sabiduría de Dios no se equivoca en sus obras” (Mateo: 16-19). Entonces Jesús “comenzó a reprochar a las ciudades en las que había realizado la mayor parte de sus Milagros, porque no se habían arrepentido” (Mateo 11:20).  Observen por favor lo que Jesús está diciendo, él está reprendiendo a la multitud por su imaginación defectuosa, una imaginación defectuosa que es el resultado de no haber prestado atención a la educación que había recibido como un pueblo a través de las generaciones en cuanto a quien era Dios y a quien sería su Mesías (mas sobre esto después).  En cambio, debido a su estrecha imaginación no creyeron las palabras de Cristo relativas a su identidad (e.g. Juan 8:58 y 10:30) ni las obras que el realizo, las cuales testificaron a su divinidad como se hizo eco a la obra de Dios en el Antiguo Testamento; por ejemplo, la calma de la tormenta en Marcos 4:35-41 demostrando control sobre la Creación, o la resurrección de Lázaro en Juan 11:38-44 demostrando control sobre la vida misma; Una incredulidad que Jesús reprendió una y otra vez (cf. Juan 10:38 y 14:11).  Además, este contexto más amplio es paralelo exactamente al de Zacarías capítulo 9 (nuestra primera lectura para hoy) ya que allí también la primera parte del capítulo contiene las palabras del profeta del juicio de las naciones no arrepentidas (vv. 1-8).

Hay un elemento adicional que hemos extraído del contexto más amplio el cual nos acerca más al blanco de nuestros conceptos de la humildad y la mansedumbre.  Este elemento se encuentra en las palabras de Jesús: “Con todo se comprobara que la Sabiduría de Dios no se equivoca en sus obras.”  Una vez más a lo mejor somos inmune a la frase o nos podemos confundir debido al pronombre de género femenino utilizado, sin embargo, Jesús aquí se basa en la sabiduría judía tradicional para hablar de sí mismo como la Sabiduría personificada.  Por ejemplo encontramos esto en el Libro de Proverbios en donde se habla de la parte que tuvo la Sabiduría en la creación: “cuando asentó los cimientos la tierra.  Yo estaba a su lado poniendo la armonía, y día tras día en eso me divertía, y continuamente jugaba en su presencia.  Me entretengo con este mundo, con la tierra que ha hecho, y me gusta estar con los hijos de Adán” (Proverbios 8:29-31).  Adicionalmente, encontramos estas palabras incluidas en un poema autobiográfico de Sabiduría contenido en el Libro de Siracida: “Acérquense, ustedes que no saben, vengan a pasar un tiempo en la escuela de la sabiduría…Doblen su cuello para que reciban su yugo, y obtendrán la instrucción…Abran los ojos y vean que he penado poco para llegar a un tal descanso” (Siracida 51:23,26 y 27).  Debe de haber poca duda de que Jesús está aquí cogiendo y afirmando esta tradición cuando hace eco de estas palabras de Sabiduría en nuestro pasaje de hoy diciendo: “Vengan a mí los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviare.  Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy paciente y humilde de corazón, y sus almas encontraran descanso.  Pues mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mateo 11:28-30).  ¡Tomen en cuenta lo extraordinario que es esto! La Sabiduría misma que como Dios siempre había sido nuestra casa, y que ha estado trabajando educando a la familia humana a lo largo de la historia a través de la Ley y los Profetas se ha encarnado y lo ha hecho para ensenarnos el camino a nuestra feliz patria que ya no puede ser ignorado porque “deliberadamente se hizo el pavimento bajo nuestros pies a lo largo del cual podríamos volver a casa” (San Agustín de Hipona, De Doctrina Cristiana, 1.17, 16).

La humildad y la mansedumbre son esenciales para hacer nuestro camino a casa en donde solo allí podemos ser felices.  La razón por esto es, como vimos la semana pasada, que para fin de seguir a Cristo debemos amar correctamente (cf. Mateo 10:37), un amor que el describió como ‘tomando nuestra cruz y siguiéndolo’  (Mateo 10:38).  Hoy está cruz se revela como un yugo fácil de amor, una carga que se debe soportar con humildad y mansedumbre.  ¿Por qué? La humildad tiene raíces etimológicas en el Latino humus, que significa tierra, y así nos llama a la realidad, a ver las cosas tal como realmente son, incluyendo nosotros mismos, precisamente para que podamos amar correctamente, para que nuestros amores estén bien ordenados con amor para Dios por encima de todo y el amor por todo lo demás a través de, con y en Dios.  La mansedumbre es tal vez manos fácil de entender porque se usa con menos frecuencia, sin embargo, San Gregorio de Nisa describe la mansedumbre como siendo razonable para no ser fácilmente perturbados por los movimientos apasionados del alma (Las Bienaventuranzas, Sermón 2), mientras que San Agustín adicionalmente inserta bajo esa sombrilla una clase de cualidad de enseñanza que uno posee, permitiendo que uno aprenda de las Escrituras y “no se atreva a censurar lo que parece como una piedra de tropiezo para los que no están instruidos y se vuelve intratable por obstinada argumentación” (El Sermón Del Monte, Libro 3).  A este punto parece que hemos encontrado nuestro camino de regreso al comienzo y, además, una respuesta al porque es que tenemos tantos problemas para vivir en el mundo real parece haberse interpolado.  La humildad y la mansedumbre no son cualidades de las que se habla muy a menudo, pero esto es solo porque tenemos muy poca habilidad para imaginar la profunda belleza de la persona humana, tal como fue planeado por Dios.

Amigos míos, hoy nuestro Dios nos llama a imitar la humildad y mansedumbre de su único Hijo, que aunque tenía igualdad con Dios, no deseaba poseerla para sí mismo por orgullo o vanidad, sino que deseaba que los que llevaban su imagen desde el principio pudieran otra vez ser preparados para ser  llenados de la vida divina.  San Gregorio de Nisa describió esta bella imagen de Dios como el artista divino, inicialmente esbozando la imagen divina, el imago Dei, sobre la naturaleza de la humanidad para que esta imagen de trascendente belleza y beatitud pudiera reflejar la única verdadera Belleza y Felicidad al mundo (cf. Las Bienaventuranzas, Sermón 1).  Con esta imagen Gregorio aquí está describiendo un elemento adicional de importancia sobre la naturaleza humana que se conoce como el capax Dei.  Y es precisamente a este punto que nuestra imaginación fracasa totalmente, pues el capax Dei no es otra cosa que nuestra capacidad para Dios, nuestra capacidad de participar en la misma vida de nuestro Dios que es Amor, Belleza, Sabiduría y la Felicidad Misma.  Ordinariamente nuestras mentes simplemente se niegan a reconocer tal idea, aplastándola en el aire como si fuera una noción imaginaria.  El problema, por supuesto es que carecemos por completo  de la capacidad para comprender el amor de nuestro Dios, y es así que el Hijo de Dios se humillo, ¡para que la imaginación humana pudiera comenzar a contemplar la profundidad de su deseo para que seamos felices! Miren a su alrededor, vean la diversidad, ninguna vida podría aprender todo lo que hay que aprender sobre la majestad de la creación, parece infinita.  Ahora consideren ustedes mismos que todo fue puesto allí precisamente para que nuestro hermoso Dios pudiera caminar con nosotros por toda la eternidad, explicándonos como cada canción que un pájaro canta y cada brisa que el viento sopla proclama su amor por el mundo.  Nuestra reacción debe ser como de niños (Mateo 11:25) una risita, una enorme sonrisa, tal vez incluso un grito de alegría, como la mente humana llega a reconocer cada vez más profundamente el amor Omnipotente de su Creador.  Este es el mundo como estaba destinado a ser, y hoy, se nos llama a vivir en este mundo real.

Padre amoroso los cielos nos proclama tu majestad y la tierra canta tu humildad; Proporciónanos este día la gracia para presentarnos a Vos como humildes lonas sobre las cuales transcribes tu Palabra eterna, Jesucristo.  Que cada uno de nuestros pasos sea un toque de tu pincel para que nuestro camino a casa pueda convertirse en parte de tu obra magistral cuyo centro es Cristo, quien vive contigo en el eterno abrazo del Espíritu Santo, un Dios, por los siglos de los siglos.  Amen.

Su sirviente en Cristo,

Tony

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