Minando el Tesoro de Dentro

Vigésimo domingo en Tiempo Ordinario: 8-20-17

La Paz Sea Con Ustedes,

Hace dos fines de semana, celebrando la Transfiguración de nuestro Señor enfatizamos el hecho que la Transfiguración del Señor es una prefiguración de nuestra transfiguración. También señalamos que en última instancia, eso es un trabajo que solo se completara en la eternidad. Esto no es para sugerir, sin embargo, que todo lo que tenemos que hacer es sentarnos en nuestras manos y esperar. Más bien es de suma importancia que comencemos a asimilarnos a la vida de la gloria celestial aquí y ahora, viviendo una vida de oración y virtud. El Santo Ortodoxo Nicholas Cabasilas nos lo explica de esta manera: “…si la vida futura fuera a admitir a los que carecen de las facultades y los sentidos necesario para ella, no valdría nada para su felicidad…la luz aparecería y el sol brillaría con sus rayos puros, sin haber ojo formado para verlo. La fragancia del Espíritu estaría abundantemente difundida y penetrante, pero nadie la conocería sin tener el sentido del olfato” (La Vida en Cristo, Libro 1.1). Dado nuestro frágil estado humano, este trabajo, sería sin duda, difícil y encontraríamos obstáculos aparentemente insuperables, sin embargo, tenemos dos razones que deben darnos mucha esperanza; Primero, como vimos el fin de semana pasado, nuestro Dios misericordioso continuamente nos acompaña y nos cuida en esta jornada; Y, en segundo lugar, esta jornada es en última instancia un retorno a nuestro verdadero ser.

Si se nos pidiera describir en una palabra el clima sociopolítico de nuestro tiempo, “la división,” sería una elección tan buena como cualquiera otra. Nuestras comunidades muy a menudo todavía se dividen entre líneas culturales y raciales; Tanto nuestra nación como el mundo en general parecen estar cada vez más divididos ideológicamente a lo largo de las líneas partidistas, y económicamente a lo largo de las líneas de propiedad; Y la Iglesia parece dirigirse hacia una mayor división entre aquellos que se llaman tradicionales y otros que son vistos como corriente principal   . Seguro de que hay algunas muy buenas razones por los desacuerdos que toman lugar en todas estas áreas; Desacuerdos que deberían de servir de base para tener un dialogo fructífero que nos pudiera empujar en una dirección en la que un porcentaje más alto de la familia humana pudiera verdaderamente florecer. Pero esto solamente puede ocurrir cuando un enfoque de humildad es tomado por ambas partes, una disposición para ver donde nuestra cosmovisión puede necesitar más matriz y de hecho incluso puede estar equivocado. Desgraciadamente, con cada artículo que es publicado, parece cada vez más improbable, que esto será el resultado en cualquier momento en el futuro próximo. Y aunque hay muchas razones para esto, yo sugeriría que a la raíz esta la tendencia despreciable exhibida por ambos lados a demonizar a sus posibles interlocutores.  Las lecturas de hoy proporcionan un marcado contraste con tal estado; Un contraste que por último proporciona la única base real para una solución a superar estas divisiones tan profundas que nos rodean por todos lados. Y lo hacen a nivel tanto marco como micro; i.e. desde el ámbito de la sociedad y también del individuo.

El contexto para nuestra lectura del Evangelio de hoy no es realmente tan diferente del contexto contemporáneo descrito anteriormente, pero a fin de ver esto tendremos que retroceder un poco. Nuestra lectura del Evangelio de hoy comienza en Mateo 15:21 que lee: “Jesús marcho de allí y se fue en dirección a las tierras de Tiro y Sidón.” Luego en el versículo 22 nos encontramos con un individuo al que centraremos gran parte de nuestra consideración hoy; Allí leemos: “Una mujer Cananea, que llegaba de ese territorio, empezó a gritar; “¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí! Mi hija esta atormentada por un demonio.” Habiendo leído hasta aquí, debemos comenzar con una pregunta; ¿De dónde se retiró Jesús? Antes de esto, el último punto de referencia que nos dio Mateo con respeto de la localidad de Jesús y sus discípulos era que habían llegado a Genesaret (Mateo 14:34), que se encuentra en el norte de Galilea. Allí Jesús había realizado muchas sanaciones, y estaba comprometido en una discusión muy calurosa con un grupo de fariseos y maestros de la Ley sobre la tradición de los antepasados con respecto a las leyes rituales de la pureza ritual (Mateo 15:1-2). Los fariseos eran un subgrupo de partidarios judíos que estaban muy preocupados por la pureza ritual de tal manera que hacen lo que sea, no solo para asegurar que mantuvieran un nivel de pureza ritual opto para el servicio en el templo, sino también para asegurar que no se asociaran con quienes no hicieran lo mismo, a fin de que ni siguiera accidentalmente se volvieran ritualmente impuros. Por ejemplo, incluso solamente sentarse en una silla después de que alguien que estaba ritualmente impuro se había sentado en ella, rendiría a uno ritualmente impuro. Así cuando este grupo le pregunta a Jesús porque sus discípulos transgredieron la tradición de los antepasados comiendo sin lavarse las manos (Mateo 15:2), Jesús tiene una respuesta doble para ellos. Primero, los acusa de ser hipócritas, que por el bien de sus tradiciones no tienen ningún escrúpulo en rendir nula la palabra de Dios concerniente al mandamiento de honrar a su padre y a su madre (cf. Mateo 15:4-7). En segundo lugar, les dice a todos dentro del alcance del oído que “lo que entra por la boca no hace impura a la persona, pero si mancha a la persona lo que sale de su boca” (Mateo 15:11), después explicándoles más a los discípulos añadiendo que “lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impura a la persona. Del corazón proceden los malos deseos, asesinatos, adulterios, inmoralidad sexual, robos, mentiras, chismes…” (Mateo 15:18-19).

Es de esta discusión en Genesaret que Jesús se retira al distrito de Tiro y Sidón.  El movimiento desde el territorio de Israel hasta el de los gentiles solo sería suficiente para levantar los oídos de los fariseos en estado de shock, y así, cuando escuchamos que Jesús es confrontado por una mujer cananea habrían sentido un impulso interior de ganas de correr a las colinas! Y esto es por dos razones.  Primero, ella era una gentil impura, y en segundo lugar ella era una mujer! Ningún varón judío correcto y respetuoso se vería en esos tiempos con una mujer, y por un rato, parece como si Jesús decidió jugarle al fariseo con ella (Mateo 15:23), pero como siempre nuestro Señor nos sorprende, precisamente para despertarnos de nuestro agradable y complaciente estupor.  Pero antes de seguir con esto, pasemos a considerar nuestra primera lectura de hoy.

Nuestra primera lectura de hoy, viene del Libro del Profeta Isaías, y allí encontramos la perspectiva en la cual se basan las palabras de nuestro Señor de arriba.  Desde las bancas oímos los versos 1, 6, y 7.  Sin embargo, exploraremos los versos intermedios también, con el fin de  que se nos dé una comprensión más completa.  El verso inicial de este pasaje en particular es la clave para comprenderlo y lee así: “Así dice Yave: Actúen correctamente y hagan lo debido, pues mi salvación se viene acercando y mi justicia está a punto de aparecer (Isaías 56:1).  Al oír la palabra “justicia” tendemos a pensar acerca de la justicia social, un término que en nuestros días es intercambiado por casi todos los grupos de activistas.  El problema es que cada grupo tiene diferente significado para tal término, y habiéndose así relativizado, ha comenzado a perder cualquier real significado.  Su correcta comprensión nos es indicada por la palabra “derecho” en el verso.  Aquí es pronunciada por Dios, y así, hacer lo correcto es funcionar como él nos ha diseñado a funcionar; dicho de otra manera, es vivir según la ley natural, que ordena todas las cosas a su apropiado fin.  Es precisamente el marco de la ley natural lo que concreta la justicia y le da su propia comprensión, i.e. que la justicia es una virtud, una cualidad humana que nos ayuda a crecer de acuerdo con el imago Dei grabada en nuestra naturaleza.  Esta virtud es definida por San Agustín como “el amor sirve solo lo que es amor y así gobierna justamente” (La Manera de Vida de la Iglesia Católica, 15.25), mientras que Santo Tomas de Aquino define la justicia por su objeto que es ius, o darle a cada quien, él/ella lo que se le debe (Summa Theologica, II-II q. 58 a. 1).  La definición proporcionada por Agustín nos da el marco de referencia adecuado, i. e. Él está describiendo un amor ordenado y en última instancia, tiene en mente el amor por Dios sobre todas las cosas y el amor por todo lo demás correctamente ordenado siguiendo de este primer amor.  La definición de Aquino entonces, pide que este amor funcione para que trabaje a asegurar que todos tengan lo que es necesario para que sus vidas florezcan.  Es esta comprensión de justicia a la cual llama el verso inicial, y que lleva, como vemos en el siguiente verso, a la felicidad” “Feliz el mortal que siempre se comporta así, feliz aquel que persevera y que se fija en no profanar el sábado y trata de no hacer algo malo “(Isaías 52:2).  Lo que tenemos aquí es esencialmente una bienaventuranza, y por lo tanto, la felicidad no se debe de entender como un fugaz estado psicológico, sino como esa calidad estable de vida, al cual las bienaventuranzas enumeradas por nuestro Señor en los Evangelios nos conducen (cf. Mateo 5: 2-12 y Lucas 6:20-26).

Los versos restantes de este pasaje nos dan una visión macro de la sociedad caracterizada por esta justicia, una sociedad que puede ser sucintamente descrita como todo incluido.  Aquí es importante afirmar que esta inclusividad no es la inclusividad de la sociedad secular de la cual oímos que se habla con frecuencia, que es una inclusión falsa, basada por ultimo en la indiferencia.  Nunca escuchamos a alguien que es verdaderamente inclusivo decir “¿Quién soy yo para decirte lo que está bien o mal para ti?” Uno apenas podría concebir una actitud más áspera hacia su prójimo.  En cambio, la verdadera inclusividad de la que se habla aquí, es una inclusividad que juzga correctamente, viendo las cosas por lo que realmente son, incluyendo a sí mismo y a los demás, y determina a amar a pesar de las deficiencias detectadas.  Esta inclusividad dice “Veo como ambos tu y yo estamos rotos, cada uno a nuestra propia manera, y tratare a la mayor medida que mi rotura me lo permita amarte como un hijo de Dios, porque el amor es por ultima instancia la única cosa que nos puede sanar, que nos puede hacer enteros otra vez.” Este amor inclusivo tiene el poder de transformar; Para que el eunuco sea fructífero (Isaías 56:3-5), familia de los extranjeros (Isaías 56:6); Y lo hace precisamente viviendo en amorosa comunión con Dios y unos con otros.  Este es el himno de alabanza que nuestro Señor desea, ¿Por qué? Porque solo esta alabanza puede hacer que la familia humana sea eternamente alegre (Isaías 56:7).

Esta es la visión para la familia humana dentro de la mente de Dios desde toda la eternidad, y es esta visión la que caracteriza todo lo que nuestro Salvador hace, incluyendo la conversación que presenciamos hoy, entre él y la mujer cananea.  La conversación, por último, destaca el contraste entre los fariseos y la mujer, que se acercan al Señor con actitudes completamente opuestas.  El primer contraste que observamos es que mientras que aquellos que eran descendientes del pueblo elegido de Dios, los fariseos, no reconocían a Jesús por lo que él es, esta mujer extranjera si reconoce quien es Jesús, llamándole Señor, que Pablo nos dice que nadie quede confesar excepto por el poder del Espíritu Santo (cf. 1 Corintios 12:3).  Así los forasteros se han convertido en los que están adentro, reconciliados a comunión con Dios al encontrarse con el Hijo de Dios Encarnado, Jesucristo.  Por lo tanto, aquí la mujer es representativa de toda la familia humana caída. Pero, noten por favor, que esta reconciliación no ha sucedido mágicamente, ha tomado lugar con mucha osadía y esfuerzo por parte de esta mujer que experimenta mucho dolor y angustia en solidaridad con su hija.  Pues aunque es su hija la que esta poseída, es ella quien, nos dice San Juan Crisóstomo, experimenta la enfermedad de su hija en todo su peso y con plena conciencia (Homilía 52 sobre Mateo, 1).

Dado el amor evidente de la mujer por su hija, la respuesta de Jesús es francamente desagradable para nuestros oídos, porque no dice nada, permanece silencio, y nuestro Señor abre su boca para decirle esto a esta pobre mujer, “No he sido enviado sino a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” (Mateo 15:24).  ¿Por qué, nos preguntamos, nuestro Señor le daría un golpe tan devastador a la esperanza de esta mujer? Aquí podemos explorar un par de posibilidades.  Primero, nuestro Señor hace conocer su fidelidad al Pueblo de Israel, porque era con ellos que nuestro Señor había entrado en un pacto eterno que incluía la promesa de que por medio de ellos todas las naciones serian bendecidas (cf. Génesis 22:18); Una promesa cuyo cumplimiento se prefigura en el episodio que presenciamos hoy.  Segundo, San Agustín, sugiere que nuestro Señor permaneció en silencio al principio “para que su deseo fuera encendido” (Sermón 27 sobre el Nuevo Testamento, 1), i.e. al hacerla persistir, crece el deseo de esta mujer por lo que pide, así como su capacidad para recibir lo que nuestro Señor estaba dispuesto a darle (cg. Agustín, carta 130 a Proba, capítulo 8. 17).

Hasta aquí toda va bien, pero estas respuestas se ponen en duda cuando después de que la mujer persiste, nuestro Señor dice, “No se debe echar a los perros el pan de los hijos (Mateo 15:26).  Si la primera respuesta no fue devastadora, la segunda bien podría haberla aplastado, nuestro Señor aquí parece que habla de la mujer ¡como menos de ser humano! Pero, noten, por favor, la resistencia demostrada por la mujer, sin temor sigue pidiendo, buscando, llamando (Mateo 7:7) a los pies del trono de la misericordia.  Esta resistencia tiene una cualidad muy específica que debemos de ponerle atención, porque no es una resistencia de orgullo que exige que se le dé a lo que tiene derecho, sino que es una resistencia caracterizada por la humildad que pide un regalo.  Es esta humildad que ha sido por último la diferencia entre esta mujer y el fariseo; Porque los fariseos en su orgullo de ser miembros del pueblo elegido de Dios, han fracasado al no ver su presencia ante ellos, mientras que la humildad de la mujer tiene un efecto opuesto, le aclara su visión.  Es precisamente su humildad la que le permite reconocer que no ha vivido a su potencial, como una persona creada a la imagen de Dios y dice, ‘sí, soy menos de lo que debería ser, pero sé que solo necesito una migaja, un pequeño bocado de lo que tienes para ser sanada’ (cf. Mateo 15:27); una súplica hecho eco por otro gentil, el centurión que, suplicando en nombre de su sirviente exclama, “Señor, ¿quién soy yo para que entres en mi casa? Di no más una palabra y mi sirviente sanara” (Mateo 8:8). A esta respuesta viene la respuesta de nuestro Señor, “Mujer ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo,” y se nos dice que la hija de la mujer fue sanada al instante (Mateo 15:28). El fin a la escena nos confirma dos cosas. Primero, significa que el Uno que habla es ciertamente aquel cuya palabra crea la realidad; y segundo, se hace eco de la inclusividad de la salvación de Dios en Jesucristo, mencionado anteriormente en nuestro pasaje de Isaías y por nuestro Señor mismo en el Evangelio de Juan donde él dice “Tengo otros ovejas que no son de este corral. A estas también las llevare; escucharan mi voz, y habrá un solo rebano con un solo pastor” (Juan 10:16).

Amigos míos, lo que hemos presenciado hoy puede ser comparado a un intercambio entre maestro y estudiante. Porque hemos visto al único Maestro, Jesucristo, facilitar el desarrollo de la virtud dentro de la mujer canaanita. Sabiendo exactamente que ella necesita profundamente dentro de sí misma para que la semilla de la virtud, la imago Dei, pueda ser encontrado y traído a la Luz (Juan 1:9) donde pueda experimentar el crecimiento; El Señor la inspira y la lleva a las respuestas apropiadas, acompañándola y asistiéndola a medida que ella toca las profundidades de su ser y encuentra los tesoros de fe, justicia, humildad, resistencia, y paciencia que  le permiten que su amor se expanda y se una para crear un sonido de correcta alabanza con la cual nuestro Señor está bien complacido. Es solo este tipo de vida virtuosa vivida al nivel micro que puede empujar a la familia humana más hacia la macro visión presente a la mente de Dios desde la eternidad; Una visión que tiene en mente nuestra felicidad eterna. Busquemos a vivir tales vidas que por sí solas tienen el poder de hacer el bien común aquí y ahora, y de acostumbrar a nuestros sentidos para la vida eterna.

O Jesús, Buen Maestro, en tu paciencia y humildad te dignas a instruir a la familia humana en imitación de ti. Concédenos la gracia este día para abrirnos a las aguas nutritivas de tu gracia que dan crecimiento a la imagen de Dios escondida dentro de nosotros en forma infantil, destinada al pleno florecimiento en ese reino celestial donde por medio de vosotros experimentaremos la plenitud de la alegría en el perpetuo intercambio de amor que se logra entre vosotros, el Padre, y el Espíritu Santo, un Dios, por los siglos de los siglos, Amen.

Su sirviente en Cristo,

Tony

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