La Oración Persistente

Persistent PrayerXVII Domingo Ordinario: 7-24-16

La Pas Sea con Ustedes,

La semana pasada por medio del relato de Marta y María, recibimos instrucciones acerca de cómo un discípulo de Jesús debe ordenar su vida.  Es decir, la vida de discipulado es conformado por la relación que uno tiene con Jesús, pero no es caracterizada por contemplación sedentario (oración), mas bien, nuestra relación con Jesús nos da impulso a una vida de trabajo basado en la fe.  Hoy Jesús se centra en la dimensión de la oración de nuestra vida de discipulado.

Si tuviéramos que resumir lo que Jesús nos dice acerca de cómo debemos enfocarnos en la oración, simplemente diríamos que debemos ser persistentes en la oración.  En nuestro Evangelio de hoy, Jesús usa la parábola de un hombre que va con su amigo en medio de la noche pidiéndole que le preste algunos suministros. Al final Jesús nos dice, que si su amigo no se levanta por su amistad, le dará lo que le pide por su persistencia.  Por lo tanto, debemos entender que ¿si oramos con persistencia Dios nos da lo que queramos? Absolutamente no.  Esto sería completamente entender mal la función de la oración.  Mejor dicho, oración persistente se supone que tiene doble efecto: 1) En orando persistentemente nuestra voluntad se une con la de Dios, para que nuestro deseo sea propiamente orientada; y 2) Cómo dice San Agustín, oración persistente tiene el efecto de ‘extender nuestra capacidad para recibir los gran dones que Dios está preparando para darnos.’

Ahora puedes protestar diciendo, al fin el hombre obtiene lo que quiere.  Si, podemos estar seguros que Dios escucha y responde nuestras oraciones si son conformes con Su voluntad.  Sin embargo, puede que la respuesta no sea la que teníamos en mente.  Entonces, lo que esto quiere decir es que necesitamos estar disponibles a las sorpresas de Dios.  Nuestra oración puede ser respondida de una manera completamente inesperada que a lo mejor no nos damos cuenta si no la buscamos.

Mis amigos, la jornada de discipulado tiene sus altas y sus bajas, torceduras y vueltas que se entienden solamente de la competencia de Dios.  Debemos confiar que El sabe guiarnos exactamente a donde necesitamos llegar, y estar listos a caminar por las puertas que El nos abre, aún cuando nos sean las puertas por las que esperábamos pasar.  Hay que estar dispuesto a los planes sorprendentes de Dios, porque les puedo asegurar, que el camino que El diseña siempre será más emocionante y más satisfactorio que cualquier cosa que pudiéramos imaginar.

Su sirviente en Cristo,

Tony

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