La Escuela de la Felicidad-Parte 2

Octavo domingo de Tiempo Ordinario: 2-26-17

La Pas Sea Con Ustedes,

Hoy es el último domingo de Tiempo Ordinario que celebramos antes de comenzar la Temporada de Cuaresma el próximo miércoles con la celebración de miércoles de ceniza.  La Temporada de Cuaresma es tradicionalmente un tiempo de ayuno, limosna, y aumento de oración, cuyo objetivo es brindarnos la oportunidad de tener un encuentro más intenso con Jesucristo para poder profundizar nuestra unión con él, y así poder dar pasos serios para perfeccionar nuestras identidades como hijos de Dios.  En breve, este próximo miércoles comenzaremos un viaje que a veces pondrá a prueba nuestra determinación y compromiso como Cristianos; Porque aunque la pregunta no se haga explícitamente, implícitamente, la calidad de nuestro amor será interrogado para que podamos darnos cuenta por nosotros mismos cuanto estamos dispuestos a dar por amor a aquel a quien seguimos en este viaje al Calvario.  Por supuesto la ironía de todo esto es que, si asistimos a Misa seremos “forzados, por decirlo así, a emprender este viaje por mandato del calendario litúrgico; Dios no nos fuerza a participar como tampoco lo hace cualquier otro domingo, o día del ano.  Por lo tanto, se necesita un acto de libertad para participar en dicho viaje, y la medida en que somos verdaderamente libres determinara la intensidad de nuestra experiencia.

El pasado fin de semana, al dar un vistazo más de cerca a las seis antítesis del Sermón de la Montana, observamos que al llamarnos a la perfección, Jesús nos está llamando a vivir en una imitación más perfecta de él, añadiendo que la enseñanza de Jesús (en palabras y acciones) fluye directamente de Su persona.  Dicho de otra manera, si Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre, la vida que él vive ejemplifica lo que significa para una persona humana vivir una vida en perfecta armonía con Dios y por lo tanto la enseñanza es una descripción de dicha vida.  Por esta razón notamos que en l escuela de la vida, tenemos solamente un Maestro, Jesucristo.  Sin embargo, hubo un tema subyacente en nuestra discusión el pasado fin de semana que no recibió directa atención para poder dejarla para hoy.  Y, para explorar este tema más directamente hoy, podríamos hacer uso de imágenes similares.

Cualquier persona que ha estado involucrado o ha visto deportes jugados por individuos de varias edades inmediatamente recordara que tan diferente se ve el juego cuando se juega a diferentes niveles.  Por ejemplo, un juego de baloncesto jugado por un grupo de estudiantes de cuarto o quinto grado se ve muy diferente que el mismo juego que juegan los atletas universitarios.  Existen varias razones por esto.  Para cuando el atleta alcanza el nivel colegial, ya han pasado innumerables horas más en entrenamiento, pasaron muchas horas repasando el film del juego, etc.  Pero una muy importante razón por la que el juego se ve tan diferente y que no consideramos inmediatamente son los oficiales.

Una persona oficiando o siendo referee de un juego de baloncesto jugado por estudiantes del cuarto grado no hace cumplir las reglas del juego con el mismo escrutinio que lo harán si están oficiando un juego jugado por los atletas de la universidad.  Por ejemplo permitirán mucho más que caminen con el balón, más bloqueos ilegales, les permiten a los niños que permanezcan más de tres segundos “en la llave”, y no se preocupan mucho cuando los niños “lleven” el balón mientras lo botan.  A comparación, todas estas reglas se aplicaran con un escrutinio mucho mayor a nivel colegial; Tanto que en lugar de uno o dos funcionarios ahora habrá tres funcionarios en el piso, uno en las mesas de los anotadores, y por supuesto, el replay instantáneo de la cámara, todas estas cosas trabajando para asegurar que el juego se juegue de acuerdo con las reglas.  Y sin embargo,  ¿Quién podría argumentar que los atletas involucrados en un juego universitario de baloncesto son jugadores más perfectos, o que el juego que ellos juegan tiene mucha más belleza? Los funcionarios tienen mucho que ver con esto.  Porque oficiando el juego correctamente, ellos implícitamente exigen que el juego se juegue de manera más perfecta, y a la vez, les dan la libertad a los atletas para que obren más libremente como jugadores de baloncesto.  Esto es más evidentemente, por supuesto, si los oficiales no hacen su trabajo.  Cualquier persona que haya ido a un juego donde hubo muchas faltas o violaciones recordara haber pensado, ‘ese juego estuvo muy feo para ver.’ De hecho a veces se pone tan mal que se puede escuchar a alguien en las gradas decir, ‘!eso no es baloncesto!’ Y sin embargo, nunca dirían estas cosas si estuvieran sentados en el mismo asiento viendo estudiantes de cuarto grado.

Esta es una buena analogía de como Dios se ha relacionado con la familia humana a lo largo de los siglos.  El pasado fin de semana vimos como Dios había estado revelando cada vez más la Ley a la familia humana hasta que su perfección se revelo en la persona de Jesucristo del cual fluye su vida y enseñanzas.  Y su enseñanza, la Ley que proclama en su Persona, es en última instancia sobre la libertad, la libertad de vivir vidas plenamente humanas.  Creadas en la imagen y semejanza de Dios, la persona humana está dotada con libere voluntad; i. e. la capacidad de elegir como van a vivir.

Como San Ireneo lo leyó, aunque la persona humana había sido dotada con esta desde el momento de su creación, no supieron como ejercerlas bien, por lo tanto, estaban abiertos a los engaños de la Serpiente, y así, ocurrió la Caída, eliminando la perfecta comunión con Dios para la cual habían sido creados (Contra las Herejías, Libro 3.25.5).  Por lo tanto, Dios comenzó a instruir íntimamente a la familia humana de acuerdo a su capacidad, comenzando con la Ley del Antiguo Testamento, que a su vez fue cumplida y perfeccionada por Cristo, para que pudiéramos ver “que la operación más amplia de la libertad implica que se hubiera implantado dentro de nosotros una sujeción y afecto más completo hacia nuestro Libertador” (ibid., Libro 4.13.3).  Observen por favor, la relación de obediencia a Dios y libertad.  Es lo contrario de lo que esperaríamos que fuera.  Esto es por nuestra naturaleza, i. e. es por la manera en la que fuimos creados.  Como Ireneo explica “Tanto como Dios no necesita nada, el hombre necesita mucho más el compañerismo con Dios.  Porque esta es la gloria del hombre, a continuar y a permanecer permanentemente en el servicio de Dios” (ibid., Libro 4.14.2).  Permanecer en el servicio de Dios es estar completamente dependiente de él, y ser completamente dependiente de el en un sentido metafísico es lo que significa ser humano, y así lo que significa ser verdaderamente libre.  Ustedes ven, esto es precisamente lo que nuestros primeros padres no entendieron y con lo que seguimos luchando hoy; Simplemente no tenemos ninguna existencia por nuestra cuenta o por nuestra propia voluntad.  En vez, somos sostenidos continuamente por Dios, y por lo tanto, una vez que nos sometamos a esto con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerza, experimentamos verdadera libertad.

Sin embargo, esto no es una disposición psicológica, sino que nuestra dependencia en Dios debe manifestarse en todo nuestro ser, y este ejemplar par excellence de como se ve esto en forma existencial es, por supuesto, Jesucristo, quien como vimos el pasado fin de semana, encarna la perfección de la Ley, que como vimos hace dos fines de semana, es realmente otra palabra para el pronunciamiento de como las cosas han sido cosidas por Dios en la creación: Puesto de otra manera, es una proclamación de la manera que las cosas son creadas a que trabajen.  Por esta razón, el Sermón de la Montana como el tratado de Jesucristo sobre la Vida Feliz, incluye un llamado radical a la perfección (como vimos el pasado fin de semana), una perfección que es caracterizada por la completa dependencia en Dios, una dependencia a la que Jesús nos llama hoy.

Observen como Jesús comienza con las palabras, “Nadie puede servir a dos patrones…” (Mateo 6:24).  “Servir” aquí debe entenderse de la forma en que Ireneo lo entendió, y no en el sentido peyorativo.   Además, porque Jesús entiende más perfectamente que nadie, el inmediatamente procede a enfocar esa dependencia en nuestro Creador, quien como revelado en Jesús, es un Padre amoroso.  En sus palabras Jesús nos llama a resignarnos a esta dependencia precisamente porque es la única manera que podemos vivir vidas totalmente libres y verdaderamente humanas.  Por esta razón él nos dice que no nos preocupemos, siempre alertándonos al hecho que no importa lo que hagamos, no podemos asumir el control de nuestras vidas en la única manera que realmente importa (Mateo 6:25, 27, 30-31 y 34); Y eso es a un nivel ontológico y metafísico, el nivel de existencia básica.  Así el indica que la fe debe ser lo que modela nuestra perspectiva, porque si vemos a nuestro alrededor, ciertamente parece que nosotros controlamos nuestra existencia; Sin embargo, la fe nos permite comprender la verdadera realidad de las cosas (Mateo 6:30).  Y todo el tiempo, Jesús enfoca nuestra atención a la belleza del mundo a nuestro alrededor; las aves del cielo, (v. 26) y las flores del campo (v. 28), indicando la libertad que tienen para florecer y volar, todo porque ni por un minuto ponen en duda su dependencia en su Creador quien cuida de ellos (v. 26 y 28).  Y sin embargo por todo su esplendor, Jesús nos recuerda, no poseen el valor y la belleza de la persona humana (v. 26 y 29), que posee la imagen del Creador, y así es creada para compartir en su belleza y gloria, que el sugiere cuando escribe que seremos vestidos más espléndidamente que incluso los lirios (v. 30), porque fuimos hechos para ser vestidos en el manto de la gloria de Dios.

Amigos míos, el Sermón de la Montana es el tratado de Jesús sobre la naturaleza de la persona humana, que Dios creo para la felicidad perfecta que solo se puede encontrar en la perfecta y amorosa comunión con él.  Es el ápice de la Ley de Dios que vemos que culmina en amoroso y temerario abandono de nosotros mismos a el corazón amoroso del amor que nos creó.  Esto es lo que Dios deseaba para nosotros desde el momento de nuestro génesis, que tengamos la libertad de vivir como hijos e hijas de nuestro Dios y es el quien es a la vez la causa y patrón de esa libertad, y por lo tanto, aparte de él, estamos destinados a las cadenas de la mortalidad.  Esto es importante tener en mente a medida que avanzamos por la Temporada de la Cuaresma, porque aunque el viaje será difícil, solo puede terminar en un lugar, el Calvario, la familia humana experimentara la alegría de la dependencia radical de la Vida que nos amó a la existencia, y esa alegría será la alegría de la verdadera libertad.

Su sirviente en Cristo,

Tony

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