El Regalo De Recreación

La Natividad Del Señor (La Navidad): 12-25-16

La semana pasada nos ofrecieron una oportunidad para retroceder y reflexionar sobre la realidad de que Dios tiene un plan en mente para la familia humana, y dentro de ese plan, un plan para cada persona por individual.  Si, eres llamado a tomar parte en la economía de la salvación trayendo la presencia de Dios al mundo y así traer a todos aquellos que te encuentres más cerca de él.  Este es un gran llamado, un llamado que simultáneamente encapsula y transciende cualquier otra tarea que emprendamos mientras viajamos  por esta peregrinación terrenal.  Tan grande es este llamado que todo lo que hacemos debe de ser dirigido a desempeñar nuestra parte en una esquema tan hermosa, intricadamente concebida por la Divina Providencia, porque esta es la manera en que Dios nos otorga la plenitud de nuestra dignidad como personas humanas, para que podamos participar en la redención del mundo restaurándola a la plenitud de la belleza, reconciliándola con el que  la había llamado a ser desde el principio.  Sin embargo, para que pudiéramos tomar parte en un esfuerzo tan augusto, era necesario que nosotros, la familia humana, fuera reconciliada a comunión con nuestro Creador.  Y así, hoy celebramos la Encarnación de la Palabra por medio de la cual se hicieron todas las cosas, quien se hizo uno de nosotros a fin de que pudiéramos hacernos uno con él, y así compartir en su obra de la salvación.

A lo largo de las últimas semanas, la Iglesia nos ha estado preparando para tomar parte en esta celebración, y lo hace porque se da cuenta de que como personas humanas, podemos ver el evento de la Navidad y tratarlo como un cumpleaños.  Que podamos sucumbir a tal idea es comprensible, porque de hecho, esto es lo que celebramos, el nacimiento de nuestro Señor.  Sin embargo, surgirán problemas si todo lo que tenemos en mente para hoy es la celebración del nacimiento de un niño que tuvo lugar en circunstancias extrañas.  Cuyo nacimiento fue predicho por los profetas y anunciado a su madre por el mensaje de un ángel; cuyo nacimiento tomo lugar en alguna cueva remota porque su madre y padre adoptivo eran viajeros pobres, y que fue puesto en un pesebre por falta de una camita adecuada, pues mientras estos detalles constituyen una gran historia, una historia con la capacidad de cautivar nuestra imaginación de tal manera que representamos los acontecimientos afuera y adentro de nuestros hogares, su conmemoración no cautiva por si mismo la profundidad del evento en si.

Por muchas razones, este día se celebra como muchos otros cumpleaños.  Primeramente, estamos conmemorando un nacimiento.  En segundo lugar, intercambiamos regalos de la manera que lo haríamos en otras celebraciones de cumpleaños (excepto que en este caso todos recibimos regalos). Y por último, como la mayoría de celebraciones de cumpleaños nos tomamos extra tiempo para sentarnos a una comida especial entre nosotros.  Sí, todos los detalles en la superficie hace que parezca que estamos celebrando un simple cumpleaños, sin embargo, si nos permitimos a permanecer en la superficie nos vamos a perder el regalo que se nos está ofreciendo.

Consideren por un momento, que se les coloca un paquete brillante en su regazo. Tiene todos los adornos, la cinta, un mono, y una tarjeta indicando que este regalo fue escogido especialmente para ti por alguien que se tomó el tiempo no solamente para comprar dicho regalo sino que también te lo presenta de una manera muy esplendida. Rápidamente desatas la cinta, colocas el mono en un lugar seguro con el fin de usarlo otra vez el próximo ano, y abres el paquete con la anticipación que sentías como cuando eras un niño y justo cuando jalas el ultimo pedazo de papel y el regalo está a plena vista, tu corazón se hunde, todo el regocijo que sentías hace solo un momento se ha evaporado al aire. ¿Por qué? Porque no tienes ni la menor idea de cómo usar lo que has encontrado adentro del paquete ni tienes el menor deseo de poseerlo. Por ejemplo, me podrían dar a mí un brillante nuevo conjunto de herramientas Veritas para carpintería, pero si no sé cómo usarlas, no voy a estar emocionado al recibirlas. Igualmente me podrían dar un nuevo juego de palos de golf Callaway, pero si no juego golf, para mí son tan buenos como una parada de puerta lujosa. El punto es, a pesar del dicho, cuando se trata del valor del regalo desde el punto de ver del receptor, el deseo de poseer un regalo es tan importante como el pensamiento del donante. Así es en la Navidad, si todo lo que esperamos recibir es una invitación a una fiesta de cumpleaños, eso es exactamente lo que obtendremos.

¡Dios tiene en mente a darte mucho más esta Navidad! Pero para que puedas recibir el regalo que desea darte en su plenitud, necesitas entender exactamente lo que te está dando y esto requiere una mirada dura en el espejo.  La Iglesia hace todo lo posible para forzar esta mirada en el espejo en su elección de lecturas para las diversas celebraciones litúrgicas que ocurren en vísperas de Navidad.  Por ejemplo, en la Misa de vigilia la primera lectura de la última parte de Isaías, proclama que las naciones verán la vindicación del pueblo de Dios, y ya no serán llamados “Abandonados” o “Desolados” (Isaías 61:4).  Similarmente, en la Misa durante la noche, la primera lectura que viene de la primera parte de Isaías clama “El pueblo de los que caminaban en la noche diviso una luz grande; los que habitaban el oscuro país de la muerte fueron iluminados (Isaías 9:1).  Así que debemos preguntarnos en que situación nos encontramos que debemos ser vindicados y en qué lugar de oscuridad habitamos que tal Luz tan esplendida transformara el paisaje.  Esto es precisamente donde entra la parte difícil, porque lo que estas lecturas nos están recordando es de la realidad del pecado.  Si, con el fin de verdaderamente apreciar el regalo que Dios desea darnos esta Navidad, primero debemos reconocer el hecho que a través del pecado nos hemos desconectado de la fuente de vida y de la felicidad, i. e. nos hemos separado de Dios.  Si no reconocemos esto, en realidad, hay muy poco que celebrar en la Navidad.  Porque verdaderamente la Navidad es un tiempo para que los pecadores se regocijen, y si no eres un pecador ¿de qué te regocijas?

Es con esta realidad en mente que en el ano 381 en esta misma ocasión, San Gregorio de Nazianzo proclamo al pueblo de Constantinopla: “Esta es nuestra fiesta, esto es lo que celebramos hoy: La venida de Dios a la raza humana para que podamos hacer nuestro camino a él, o regresar a él (para ponerlo más precisamente), para poder despojarnos de la vieja humanidad y ponernos la nueva humanidad, y que como hemos muerto en Adán,  poder vivir en Cristo” (Oration 38, 4).  Esta profunda realidad es lo que la Iglesia proclama en el Evangelio que selecciona para la Misa de la mañana el día de la Navidad.  Allí encontramos el prólogo famoso de Juan, que en el Evangelio de Juan sirve en lugar de una narración del nacimiento.  Esto es porque Juan esta menos interesado en los hechos históricos que rodean el nacimiento de Cristo y más centrado en la persona que está naciendo.  Así Juan proclama, “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba ante Dios, y la Palabra era Dios.  Él estaba ante Dios en el principio.  Por él se hizo todo, y nada llego a ser sin él.  Lo que fue hecho tenia vida en él, y para los hombres la vida era luz.  La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la impidieron…Y la Palabra se hizo carne, puso su tienda entre nosotros…” (Juan 1:1-5 y 14).  Vemos aquí que Juan se preocupa por darnos aquí algunos puntos clave.  Primero, la Palabra es Dios, y así, El que se ha hecho carne es también Dios.  En segundo lugar, como Dios, Juan lo conecta con la creación del mundo.  De hecho, es precisamente por eso que Juan usa “Palabra” para describir la persona de Jesús.  La palabra Griega que Juan está usando es “Logos,” que significa razón o acción creativa; un término usado por neoplatónicos en el mismo sentido metafísico que Juan lo está usando aquí para transmitir que Jesús es la misma acción creativa de Dios.  Por último, vemos que para Juan, decir que Jesús es la Palabra es al mismo tiempo decir que Jesús es la Luz de la vida, i. e. Él es el objeto propio de la razón, Aquel hacia el cual todas las mentes deben estar plenamente atentos a fin de vivir la vida a su plenitud.

Estos son temas que a menudo son usados por los Padres de la Iglesia cuando se habla de nuestra salvación. Por ejemplo, Agustín comentara sobre la Luz de la que habla Juan diciendo que es “la luz de las mentes racionales, que distinguen a los hombres de los animales y los hace precisamente hombres” (Sobre la Trinidad, Libro 4.3). Luego pasa a explicar que cuando Juan habla de la luz que supera la oscuridad, “la oscuridad es la mente tonta de los hombres, cegada por los deseos depravados y la incredulidad,” así, para fin “de curarlos y hacerlos bien la Palabra por la cual todas las cosas fueron hechas se hizo carne y habito entre nosotros” (Sobre la Trinidad, Libro 4.3 y 4). Así, lo que vemos en Juan y en los comentarios de Agustín, la conmemoración del nacimiento de Cristo necesariamente implica la celebración de nuestra salvación, los dos no pueden ser considerados exclusivos entre sí, porque cuando lo hacen, uno pierde su pleno significado.

Amigos míos, hoy celebramos el Amor de Dios que se Encarnó por nosotros. Pero solo cuando apreciemos plenamente que no somos todo lo que hemos sido creados para ser, podremos realmente comenzar a apreciar lo que Dios ha venido a lograr en la Encarnación y lo que es que celebramos este día; no celebrando lo que es nuestro, sino lo que pertenece Al que es nuestro- a nuestro Señor; no celebrando la debilidad, sino la curación; no celebrando esta creación, sino nuestra re-creación” (Gregorio de Nazianzus, Oration 38.4). Esta re-creación es precisamente el regalo que Dios desea darte este día porque “por naturaleza no somos Dios; por naturaleza somos hombres; por el pecado no somos justos. Así que Dios se convirtió en un hombre justo para interceder con Dios por el hombre pecador… Así que nos aplicó la similitud de su humanidad para quitar la disimilitud de nuestra iniquidad, y convirtiéndose en participante de nuestra mortalidad nos hizo participes de su divinidad” (Sobre la Trinidad 4.4). Hoy, Dios quiere llevarte y compartir contigo su vida misma, no te alejes de este regalo, ¡corre hacia el con toda tu mente, corazón, alma y fuerza con los brazos abiertos para que te envuelvas en el amoroso abrazo que te espera para encontrarte!

Rezando para que tú y los tuyos disfruten de una bendita temporada de Navidad,

Su sirviente en Cristo,

Tony

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