El Fuego De Amor

Domingo De Pentecostés: 6-4-17

 La Pas Sea Con Ustedes,

Habiendo celebrado la Resurrección de Cristo en los últimos cuarenta y nueve días, llegamos ahora al quincuagésimo día, Pentecostés; Un día en el que conmemoramos el cumplimiento de la promesa hecha por nuestro Señor a sus discípulos, que a su solicitud el Espíritu de la verdad pudiera venir (Juan 14:16-17), no solo en nuestro medio, sino en nosotros mismos; Para que nosotros, que una vez estuviéramos separados de nuestro Creador, podamos llegar a ser hijos de Dios (Juan 1:12-13).  Y, así como necesitamos el constante cuidado y atención de nuestros padres terrenales para llegar a la madurez física, el Espíritu viene con suave presencia y una voz tierna para que nuestra madurez física pueda simultáneamente santificarse y producir el fruto de una nueva creación (2 Corintios 5:17), canalizando el amor que vive dentro de nosotros al mundo (Juan 4:14). Seguro que, como con cualquier proceso de crecimiento, habrá contratiempos. Como aprendemos a caminar estamos seguros de tropezar, y como aprendemos a amar estamos seguros de sucumbir a momentos de interés proprio. Sin embargo, la presencia del Espíritu permanece con nosotros, guiándonos y corrigiéndonos pacientemente, a veces susurrando palabras amables de aliento, otras veces reprendiendo severamente nuestras formas egoístas, siempre con el objetivo de ayudarnos a convertirnos cada vez más en reflejos más perfectos del amor que nuestro Dios tiene por todo lo que surgiere de su Palabra para que cada momento que pase marque un paso más allá en el camino hacia la unidad perfecta entre el Creador y el creado, entre el Padre y sus hijas e hijos adoptivos.

Para fin de poder apreciar la significancia del acontecimiento trascendental que celebramos hoy, es necesario tener la perspectiva adecuada. Para fin de conseguir este punto de ventaja será necesario volver al principio, i.e. a la creación del mundo y más específicamente a la creación de nuestros primeros padres. Solo en volver atrás, aunque mentalmente, al génesis de la familia humana podemos empezar a apreciar la gracia regenerativa que se nos regala este día. Porque no se puede apreciar plenamente ningún remedio, ni se aceptará de buena gana, y mucho menos ansiosamente, si el que esta padeciendo no se da cuenta primeramente de su estado debilitado.  Así nos embarcamos en una jornada de recuerdo atendiendo a la palabra revelada de Dios que nos habla de nuestra creación y los sucesos posteriores que toman lugar en nuestra historia genealógica que requirió nuestra recreación.

En Génesis uno, encontramos el himno poético de la creación. A través del texto parece como si nuestro Creador canta la armoniosa procesión y el orden de la creación en su forma prevista.  Oímos de luz, el mar, y la tierra, todos llamados a la existencia como si el Creador anunciara su presencia en el vacío y tomando placer de hacerle eco a la gloria de su Creador (Salmo 19:1-6).  Pero el Creador no se detiene aquí, sigue llenando estos diversos hábitats con la viva presencia de varias criaturas, pájaros del aire, peces del mar, y creaturas sobre la tierra apropiados a su dominio; Cada creatura contribuyendo por virtud de su propia naturaleza única, a la melodía en la cascada iniciada por el Dios que dice, “déjenlo ser…” Imagínese a nuestro Creador con el corazón de un niño trabajando en la creación inventando las criaturas más extrañas y maravillosas tales que solamente la mente simple de un niño encuentra placer en ellas. Y sin embargo, después de invocar la diversidad que el mundo nos presenta, todavía no está satisfecho, tiene en mente un movimiento más que hará su opus completo. Así, el Creador llama a uno diferente del resto, no está obligado a cantarle a su Creador por instinto, sino por amor. Y quien es llamado en amor a cuidar de y a disfrutar la melodía de la creación con su Creador, ya que, en su totalidad, es el himno de su presencia amorosa.

Es esta criatura final de cuyo linaje descendemos, la persona humana, impresionada con la imagen de su Creador, haciéndola capaz de recibir el amor por el cual ha sido creada y respondiendo en especie a través de los dones de la razón y libre albedrio. Ella escucha la voz de su amoroso Creador que la ordena, “Sea fecundos y multiplíquense. Llenan la tierra y sométanla. Tenga autoridad sobre los peces del mar. Sobre las aves del cielo y sobre todo ser viviente que se mueve sobre la tierra” (Génesis 1:28). Escucha a nuestro Dios decir, cuida de todo lo que te he dado, transmitan mi amor a ellos y enséñales a bailar a la melodía de amor que es inherente dentro de ellos. Imagina el mundo con la presencia de nuestro Dios, cada cosa viviente arde con Su amor y con cada paso quedan rayas de la presencia radiante del Divino que anima a todo su ser. ¡Este es el mundo como estaba destinado a ser!

Por supuesto que no tenemos que ver afuera de nuestras ventanas, ni pararnos afuera de la puerta para darnos cuenta que este no es el mundo tal como está. Cada momento nos recuerda como John Henry Newman dijo, que estamos “implicados en alguna calamidad aborigen,” y que estamos “fuera de unión con el propósito de nuestro Creador” (Apologia Pro Vita Sua, Publicaciones Dover, 158). Oímos en nuestros radios de, y vemos en innumerables pantallas evidencia de nuestro quebramiento, pero en nuestro orgullo nos negamos a reconocerlo diciendo, “yo estoy bien, tu estas bien.” Y si estamos contentos con la manera que están las cosas; Con división desenfrenada y entre la familia humana estimulada por el orgullo y la avaricia en sus muchas manifestaciones del hogar al mercado; Seguiremos cantando el mismo canto fúnebre y nuestro Dios no nos obligara a hacer otra cosa. El continuara a caminar con nosotros, entrenándonos a usar nuestra libertad por amor; El verdadero amor; no el falso amor propio que Agustín dice que sería mejor llamar odio (De Doctrina Cristiana, 1.23). Él no puede hacer lo contrario porque es quien es; lo ha hecho por todos los tiempos, y no puede cambiar.

Esta Verdad es precisamente la que formo nuestra primera lectura de hoy, escrita por el autor que conocemos como Lucas bajo la inspiración del Espíritu Santo, enseñándole, tal como Cristo lo había prometido (Juan 14:26), que a su vez él nos pueda transmitir el mensaje a nosotros. Las imágenes usadas por Lucas en el relato de los acontecimientos de Pentecostés están destinadas a recordarnos la obra de Dios a través de la historia de la salvación. Podemos comenzar examinando el famoso milagro de lenguas. Se nos dice que después de que el Espíritu Santo descendió sobre los doce, comenzaron a hablar de tal manera que todos los que estaban presentes pudieron entenderlos. En el desconcierto aquellos en la multitud preguntan, “Pero estos ¿no son todos galileos? ¡Y miren como hablan! Cada uno de nosotros les oímos en nuestra propia lengua nativa. Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, del Ponto y Asia, de Frigia, Pánfila, Egipto y de la parte de Libia que limita con Cirene. Hay forasteros que vienen de Roma, unos judíos y otros extranjeros, que aceptaron sus creencias, cretenses y árabes. Y todos les oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios” (Actos 2:7-11). Aquí debemos notar tres cosas.

Primero, las diversas naciones mencionadas nos hacen obvio que los que están presentes han sido reunidos de todas partes del mundo. Segundo, debemos considerar el origen de confusión para el que hace la pregunta. Es desconcierto al oír a un extranjero que habla presumiblemente su propia lengua (porque no debemos de entender que los doce hablaron múltiples lenguas a la vez), pero inteligibles, no solo para él, sino para todos los que vienen do todas partes del mundo. En estos dos primeros factores debemos notar que lo que sucedió en Babel se está invirtiendo.  Allí, cuando la familia humana pensó absurdamente que podrían construir una torre para alcanzar los cielos por su propia voluntad, Dios confundió su lengua, fosándolos a separarse por toda la tierra de acuerdo con el mando dado en la creación (Génesis 11:1-9; cf. Génesis 1:28). En tercer lugar, en un mundo multilingüe, no era infrecuente que la gente estuviera familiarizada en un lenguaje mutuo, por ejemplo, el griego Koiné, la lingua franca del día. Sin embargo, escuchan el mensaje hablado de una manera que pueden entender íntimamente, en su lengua nativa; El idioma que sus madres les habrían hablado desde antes de que nacieran.

Lo que es bastante notable aquí es que queríamos ver la preocupación amorosa de nuestro Dios para la familia humana, no solamente en este milagro, pero, además, retrospectivamente, también en el caso de Babel. Pues entonces la familia carecía de la capacidad de vivir el mandamiento que se les había dado, tanto se habían cortado de la gracia de Dios a través del pecado. Sin embargo, ahora, a través de la Encarnación, muerte y Resurrección del Hijo y el regalo del Espíritu Santo, la familia humana tiene acceso renovado a la gracia que les hace posible a vivir la Ley, que se resume en el doble amor de Dios y amor al próximo; Y así poder vivir una vez más en armonía, no porque ganaron la lucha, sino por el Espíritu de Amor que habita en y entre ellos. Este último punto se hace más obvio cuando consideramos que la celebración judía de Pentecostés era una celebración de la entrega de Dios de la Ley a través de Moisés en el Sinai (Éxodo 19).  De hecho, la imagen de los vientos poderosos y las lenguas de fuego utilizados por Lucas le pretende hacer eco de la imagen de esa escena como se presenta en el Éxodo 19 y como es comentado por el escritor judío Filón (un contemporáneo de los autores del Nuevo Testamento), quien describe a los ángeles que llevan el mensaje de Dios a Moisés en la montaña en lenguas a la gente que estaba abajo.

Sin embargo, la ley dada en el Sinai no era más que una primera cuota que se completaría en Cristo que en su vida y enseñanza la llevaría a su perfección y por el envió del Espíritu Santo, nos permitiría estar en comunión con él para también hacerlo así nosotros.  Esto es evidente por el hecho de que en la versión de Juan de la entrega del Espíritu Santo a los discípulos (nuestra lectura del Evangelio de hoy), escuchamos a Jesús decirles a sus apóstoles, “Reciban el Espíritu Santo: a quienes descargan de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos” (Juan 20:22-23). ¡Vean la magnanimidad de muestro Dios! ¡Otorgándoles a sus discípulos el Espíritu de Amor, Cristo les otorga con el poder de curar la división que debilita a la familia humana, con el poder de poder canalizar su amor curativo al mundo! Esto no es un gesto simbólico, porque las palabras de nuestro Señor nunca están vacías, sino que cumplen su propósito (Isaías 55:11), en otras palabras, crean realidad. Decir de otro modo seria negar las palabras escritas en Génesis, o decir que el Hijo Encarnado no es la misma Palabra presente con el Padre en la creación, y lejos este de nosotros sucumbir a tal tontería después de haber recibido el Espíritu de Sabiduría (Efesios 1:17 ff) que nos permite ver con los ojos de la fe de la Verdad revelada por la inspiración del Espíritu.

Amigos míos, hoy celebramos el don del Espíritu Santo, un don que tiene el poder de renovar no solo nuestras vidas como individuos, sino también para el mundo entero. Porque este Espíritu, presente en la vida de la Trinidad en la Creación, viene a hacernos nuevos. Al momento de nuestra creación, cada uno de nosotros quedamos impresionados con la imagen Divina, destinándonos a una vida de amor; Sin embargo, vivir esta vida solo es posible con la ayuda de la gracia, ¡y es el Espíritu Santo quien en nuestro bautismo enciende dentro de nosotros la llama de Amor Divino al atraernos a la misma vida de nuestro Dios! Seguro que son muy pocos los que pueden vivir esta vida de gracia sin cesar, porque la multitud de nosotros experimentaremos recaídas y faltas en el pecado. Pero el amor de Dios le ha confiado a su Novia, la iglesia, su don curativo de la gracia, ¡de modo que para cada fracaso hay un remedio listo! Aquí está un remedio que no se puede y no se necesita ganar, simplemente aceptarlo en acción de gracias, una disposición Eucarística con la cual el Espíritu nos bendice para fin de encender el mundo con el fuego del Amor Divino; Convirtiéndonos en agentes de la restauración de la unidad primordial.

Ven Espíritu Santo, confórmanos al preciosísimo Corazón de nuestro Señor, Jesucristo, para que, con nuestras vidas, cantemos el evangelio a la gloria de Dios Padre, Amen.

Su sirviente en Cristo,

Tony 

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *